Hay una incógnita que me asalta diariamente como docente y es la pertinencia y eficacia de lo que comunico a cada uno de mis estudiantes:
¿Será que hablamos o entablamos estructuras ajenas a los intereses de nuestros discípulos?
¿Será que la percepción tecnológica es tan diferente en ellos y en mí?
Cada uno de ellos con sus problemáticas propias de un individuo en construcción, plantea dinámicas diferentes e innovadoras, que deben responder a estructuras de aprendizaje que en la mayoría de los casos nunca vimos en nuestra época de estudiantes, dada la velocidad y los parámetros en los que fuimos educados, es más, aun siendo docentes y supuestamente preparados para afrontar la revolución de la información, somos migrantes tecnológicos en un terreno que puede ser hostil o amigable dependiendo de nuestro talante y buena disposición para domeñar el impetuoso brío con el que la información avasalla a quien no la toma por la rienda.
La educación en la era del conocimiento plantea un trabajo arduo y comprometido de cada educador para lograr cerrar la brecha entre el periodo cuaternario en términos tecnológicos de un buen porcentaje de los educadores y el mal uso de la tecnología por parte de jóvenes no direccionados al uso responsable y pedagógico de las mismas.
Se generan necesidades concretas de auto aprendizaje a ambos lados del escritorio del docente, por un lado un dominio más profundo y acertado de las estructuras tecnológicas e informáticas por el docente y de otro lado una concientización del estudiante de su papel significativo en su proceso de auto y hetero-aprendizaje, claro está debe ser reforzado y estimulado desde un núcleo familiar comprometido y un docente preparado para el contexto educativo actual, que se caracteriza por un flujo de conceptos frenético que debemos catalogar y dosificar en búsqueda de un equilibrio, entre lo que realmente debe aprender el estudiante en cada nivel y lo que se convierte en los elementos flexibles que apuntan a los intereses particulares, que mejoran e incentivan más al estudiante a realmente formarse en todos los niveles acordes a su etapa cronológica, cognitiva y social.
De lo anterior surgen reflexiones concretas y muy importantes:
Replantear la importancia de las tics en los procesos de aprendizaje en estos nuevos individuos, que en definitiva nacieron con funciones multitarea, puertos extra, protocolos de comunicación avanzados y demás.
Cómo nosotros migramos de la estructura analógica en la que nos formamos y anexamos a nuestro sistema componentes que actúen de interfaz, entre un individuo que se mueve en algunos casos en lo etéreo de lo virtual, y la realidad de ser un ente social que siente, interactúa, se forma como persona y además debe ser encausado hacia la realidad que lo rodea.
Realizar una evaluación profunda de las estructuras, mallas curriculares, proyectos educativos institucionales, etc, para identificar y evaluar hasta donde, tanto los contenidos como la forma de impartirlos, está realmente ligada al uso de las tics, y cómo esas tics si responden a los objetivos propuestos para cada una de las temáticas que puedan componer dichas mallas curriculares. No se trata de satanizar los actuales procesos educativos, se trata de darles dinamismo con el uso de nuevas herramientas que están más acordes con el tipo de individuos que tenemos en el aula.
Si logramos incrementar el interés, el nivel de respuesta efectiva en términos de ejecución y aprehensión de conceptos, estamos siendo asertivos, estamos abriendo puertas para dejar entrar a estos estudiantes que en muchos casos tienen un gran potencial, pero que no han sido atraídos por las estructuras clásicas de enseñanza, sin querer decir que sean malas, porque en mi concepto no lo son, de hecho pertenezco a la escuela clásica y eso no me ha hecho menos competente, simplemente hay que crear individuos veloces en análisis y adaptación para que sus procesos y productos encajen dentro de esta nueva sociedad de la información.
HUMBERTO URIBE ARDILA


